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sábado, 17 de agosto de 2013

EL HOMBRE QUE PENSÓ QUE TENÍA UN AMIGO





Don Edmundo, observaba desde lo alto del faro al hombre que esperaba una embarcación. “Su amigo entrañable”, que no quiso ayudarlo.
Llegaría mucha gente para festejar  la inauguración de su gran industria. A él no lo había invitado al evento. Tampoco lo incluyó en la lista del personal.
Había rogado un empleo pero no obtuvo el trabajo. Aunque su familia tenía muchas necesidades el empresario hizo caso omiso a su situación.
En la noche brumosa, únicamente, la luz del gran foco guiaba al buque.
Edmundo, pensó en el hambre que pasaban sus hijos y en la amistad que por dinero, habían dejado de lado.
No  tuvo compasión, con un arma  potente apuntó hacia la luminaria. Cuando la barca se acercó disparó dejando todo a oscuras. En pocas horas se enteró que no habría agasajo.
Lloró por los inocentes pero era lo que esperaba.




© 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.
El texto aquí presente se encuentra registrado y la autora del mismo posee todos los derechos relacionados al mismo. Por lo tanto se encuentra prohibida la copia, la venta, la redistribución, publicación sin la previa autorización de la escritora y así mismo no se puede reclamar la pertenencia de la pieza por parte de terceros.

*Las imágenes publicadas en esta entrada no son propiedad de la autora y fueron encontradas utilizando buscadores de imágenes.

martes, 4 de junio de 2013

EL VUELO



Aprendió a volar, aunque sus alas eran frágiles evadió  los obstáculos y jugó con ellos. Esplendoroso arco iris, creyó que lo sabía todo y su corazón puro se volvió roca.
Amanda Mariposa, que no conocía el miedo, descubrió con el paso de los años como la piedra se volvía polvo.

Sus cabellos se bordaron con hebras  de espuma blanca y sus alas desaparecieron. 



© 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.
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domingo, 24 de febrero de 2013

VENGANZA




Apareció entre la niebla. Mi delirio de persecución lo confundió  cuando entré al cementerio para escapar. El hombre seguramente había seguido mis pasos para atraparme.
Supuse que nadie me había visto cuando encontré en el callejón a mi esposa con su amante y los dejé agonizando con dos balazos en sus cuerpos. Hacía tiempo que lo sospechaba, no pude evitarlo. Quedaron tendidos en la oscuridad, mientras yo observaba su agonía.
Luego corrí al lugar donde solamente las almas que deambulan en la noche podrían ver mi desesperación. Presumí que  no era un alma que rondaba, aunque  se escondió en la bruma, vi que estaba acompañado.
Disparé nuevamente, pero al aire, para asustarlos.
Sin miedo se presentaron a mi lado y los vi claramente. Mi esposa y su amante, tomados de la mano y sonrientes, ya pertenecían al lugar.



© 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.
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domingo, 17 de febrero de 2013

PARA ALGUIEN ESPECIAL


                                   

Querida mami:
Hace días que pienso en lo que voy a regalarte en tu  día y no encuentro algo que puedas realmente merecer. Digo merecer porque cada cosa que veo no me conforma, aunque debo confesarte que miro las vidrieras y todo lo que hay me trae un recuerdo tuyo.
Veo prendas colocadas en un maniquí y mi mente vuelve a mi niñez. La máquina de coser a pedal, que ahora casi nadie usa, parece que regresara con una música especial. Música con melodía de cariño que vos con tus pies provocabas con cada una de las puntadas, para que cada uno de nosotros (tus hijos) tuviésemos ropa nueva para estrenar.
Sigo recorriendo, entro en un vasar muy grande. Todo el aroma a tu cocina se representa en él. El  de tus guisos de lentejas que tanto le gustaban a papá. El de las milanesas, junto con las  infaltables papas fritas que con amor servías bien calientes y crocantes para satisfacer nuestro apetito de adolescentes que arrasaban con todo lo que preparabas.
Aromas a tus tortas fritas en los días de lluvia. Masa de alegría, ingredientes que se unían con tus manos cansadas formando cantidades de ellas todas prolijitas. Formas armoniosas que yo nunca pude lograr.
Entro también a los viveros y no hay plantas tan bellas como las de tu jardín. Aún recuerdo el gran cactus que estaba en el fondo. Una noche muy tarde, nos despertaste para que viésemos su flor, blanca, hermosa. Contrastaba con las largas espinas de la planta que tanto te gustaba. No hay ninguna como aquella.
No sé que voy a hacer mami, te recuerdo y me miro al espejo grande de la tienda en la que estoy parada. Ahora soy adulta, formé mi propia familia con tres hermosos hijos. Todo lo que me enseñaste se los transmití a ellos.
Como decía tu mamá, mi querida abuelita, ahora vos sos la raíz del árbol y yo una de sus ramas. Las flores y frutos son tus nietos.
 Frutos, sos bisabuela mami y sos muy joven. Un bello título de bisabuela  bien ganado.
Sé que la vida no fue fácil para vos, sé que te quitó muchas cosas, entre ellas a mi querido hermano. Pero supiste contenernos aunque por dentro se desgarraba tu alma. La familia se apoyó en vos, cuando eras vos la que tenías que ser consolada.
—¿Qué te regalo má? Si vos me regalaste lo mejor de tu vida y lo seguís haciendo. Cada día, cada mañana cuando voy a tu casa a tomar mate y compartimos largas charlas. Toda la contención que me das, los abrazos, tu confianza para decirnos que todo va a salir bien aunque sepas que quizás no va a ser así.
Perdoname, no hay regalo que se compare con todo lo que me diste y le seguís dando a la familia entera. Tu amor y tu dulzura no tienen precio ni regalo que se compre con dinero.
Solamente hay algo que puedo darte, el amor y admiración que siempre te tuve representado en una rosa roja. Con aroma de tu piel y el color de mi corazón que es para vos.

 © 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.

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jueves, 7 de febrero de 2013

ANDROIDES



En el sitio había mucho trabajo. Los androides azules trasladaban la basura para compactar. La depositaban en grandes vehículos conducidos con cautela por los de color verde.

Debían realizar la labor en el menor tiempo posible. Cuando alguno de ellos perdía energía era reemplazado por otro en pocos segundos.
La compactadora funcionaba continuamente, los verdes dirigían los camiones hacia ella. Volcaban dentro los residuos que se molían por completo.
Una luz roja se encendió de repente y una alarma sonó descontrolada. La guardia de tecno androides se hizo presente muy rápido. El problema parecía serio, no podían hallar el desperfecto.
A causa de la complicación los vehículos  apilaron la carga, de manera provisoria, en un descampado. Por primera vez los androides se sentían vulnerables y aunque miraban con asco la podredumbre que se amontonaba, no encontraban una solución.
El jefe se hizo presente, lo que puso en vilo a los técnicos. Si algo no le satisfacía seguramente terminarían junto a los residuos.
En su idioma preguntó:
—¿Cuál es el problema? —indignado.
—No hay manera de reparar la máquina, se quemaron demasiados chips y es imposible que funcione nuevamente —respondió sumiso el técnico de mayor jerarquía.
—¡Ineptos! —dijo con ira, mientras llamaba a la guardia de seguridad.
Dio la orden:
—¡Desprogramen a éstos inservibles! Llévenlos al descampado y quémenlos.
Un guardia preguntó:
—¿Junto a ellos? —con tono despectivo.
—¡Sí, se lo merecen! Apúrense, antes que los humanos  comiencen a despedir gusanos.




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martes, 22 de enero de 2013

MUJER


  
Un escenario la esperaba, las luces se encendieron y ella apareció emocionada.
De cabello corto, coloreado con cenizas. Arrugas en su rostro que no disimuló con el ligero maquillaje que lucía. Vestía pantalón negro y sobre sus hombros un poncho de colores, negros, rojos y blancos,  que la caracterizaban.
Juntó sus manos, se emocionó junto al micrófono. Dos hombres con hermosas guitarras comenzaron a tocar la melodía, ella liberó su voz como alas al viento.
Susurró, “La llorona”, mientras el público la ovacionaba con un fuerte aplauso. Siguió cantándole a la muerte, quizás presentía que la esperaba, quizás vio que  la acechaba.
Levantó sus brazos y entonó:
—¡Si ya te he dado la vida, Llorona!. ¿Qué más quieres? ¿Quieres más?—con el alma entregada a sus espectadores.
Sonrió con una mueca cansada. Señaló a los músicos y agradeció su compañía.
En su interior llevaba una identidad guardada, cofre que abría por las noches, mientras coreaba a algún amor de mujer imposible.
Bebió tequila para olvidar su pena y su tristeza. Por sus mejillas corrieron lágrimas, perlas que fueron al mar.
Se repuso y pensó, que cantando otra ranchera, borraría de su memoria a la que no pudo tener.



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viernes, 18 de enero de 2013

LA REINA DEL BOSQUE










Los duendes  bailan en el bosque. La espera se hace larga. Todo fue preparado para ella la reina de reinas.
            Ella llega de la mano del caballero. Ellos danzan la danza  dispuesta para la ocasión rodeada de flores y perfumes que engalanan su vestido de telas sedosas. Julia, la soberana del lugar, es la mujer más dulce que ellos conocen y adoran.
El astro luminoso se esconde en el horizonte y aparece la diosa de los enamorados. La Luna blanca, muy grande, esparce una cortina de luz sobre los festejantes; los árboles dejan filtrar a través de sus ramas sus luminosos rayos que caen como hilos de plata.
            El jolgorio se extiende, los animales que habitan el lugar se suman a él. Cada uno de ellos expone para la dama lo mejor que la naturaleza les dio.
            El cabello de Julia se desparrama sobre sus hombros como una cascada de oro. Las luciérnagas se colocan sobre ellos, se encienden fosforescentes y los irradian con su luz. Una leve brisa trae aromas de flores y frutos autóctonos; la reina recoge el perfume y lo esparce sobre su piel delicada.
            Dos duendes traen jarras con vino dulce, beben hasta el amanecer. Apresurados recogen pétalos de orquídeas y forman con ellos una alfombra. La reina la recorre descalza, antes que el sol los sorprenda y les promete regresar para la próxima primavera.




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viernes, 4 de enero de 2013

DIFERENTES ARRUGAS



Lo miró con resentimiento, el viejo tenía demasiadas arrugas en su rostro. A muchas de ellas las había visto formarse con el paso de los años.
Por lo poco que había leído en páginas de revistas y libros mohosos tirados en el revoltijo de su cuartucho, se suponían que tenían un significado.
Los ancianos las llevaban con orgullo pues formaban parte de un pasado vivido. Surcos longevos mediante los cuales jactaban las experiencias adquiridas, aquellas que le daban un porte de sabiduría.
Ella no podía llamarlo ni siquiera anciano, era un viejo mediocre y malvado.  Gran parte de su vida había dedicado a tratar de disimularlas mediante cremas y maquillajes que costaban fortuna. El dinero lo ganaba fácil, no importaba invertirlo en cosas inútiles.
Jimena  con veinte años se preparó para el momento que esperó durante mucho tiempo. Las maldades que había pasado junto a él, le daban permiso. Cada movimiento del viejo Juárez  estaba estudiado de manera cuidadosa.
Esperó que sus compañeras, las que quedaban, se durmieran. Abrió muy despacio la puerta de su habitación y buscó la copia de la llave que abría la del setentón. Entró descalza, decidida, como si la angustia reprimida se desatara en una tormenta de furia.
Lo vio dormido, roncando, emanando la resaca del whisky que vaso a vaso tomaba para agasajar la clientela todas las noches.
Embebió un trapo con el formol que él mismo usaba con frecuencia con ellas y lo apretó sobre las narices del ruin. Rápidamente sacó el cuchillo que Juárez atesoraba en su mesa de noche y con los ojos desorbitados comenzó a cortar la cara del sádico, mientras enumeraba en su mente sucesos pasados.
Primer corte de arrugas, por Karina la más joven de todas.
Segundo corte de arrugas,  por todas las que vivieron y murieron en el lugar como sus víctimas.
El viejo comenzaba a dar manotazos, entonces la joven gritó con vehemencia:
—¡Formol, mucho, mucho formol!
Entre carcajadas y llanto lo adormeció un poco más y lo ató con la misma soga que se había ahorcado Belén el mes anterior.
Gritó por última vez:
— ¡Por la inocencia que me robaste a los seis años al secuestrarme y obligarme a trabajar de prostituta!
Las jovencitas que dormían, al escucharla corrieron a mirar que pasaba. Vieron al viejo ensangrentado que  trataba de volver en sí y a Karina arrodillada frente a la cama.
Se abrazaron y lloraron ellas también. Pamela de ocho años, Luna de diez y Soledad de catorce.
Karina reaccionó, las vio indefensas y temblorosas como cuando ella había pisado por primera vez el lugar.
Resolvió en instantes una jugada que no tenía pensada. Se levantó rápidamente, fue hacia ellas y  las besó en las mejillas.  Luego se acercó nuevamente a Juárez y casi sin aliento susurró:
— ¡Por las arrugas de nuestras almas, formadas  por tanto sufrimiento! —cortándole el cuello con el filo del arma.




© 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.
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miércoles, 19 de diciembre de 2012

UNA MUJER ASEDIADA



Lynn se sentó a la mesa a cenar. El plato contenía diminutos granos de arroz extraídos de una bolsa de arpillera, los revolvía con un tenedor pensando que su mejor alimento era el contenido de un libro. Tomó una servilleta de papel doblándola en forma de alas, quizás con ellas podría transformarse en ave y volar hacia el infinito.
Su cuerpo estaba agotado, no debería esperar una noche más para hablar con él, pedirle que la abandone era lo mejor. ¿La plaza sería el lugar apropiado para expresarse? Allí los bancos hablan entre sí mientras todos duermen. Descartó la idea, el mejor sitio era la alcoba donde noche a noche la mortificaba.
Lavó la vajilla, entre los utensilios enjuagó un cuchillo con el que pretendía  cortar trozos de su pasado. Acomodó la mesa para que se halle todo en orden. Colocó un florero con rosas, las que con su perfume provocaron que salieran invisibles mariposas.
Su alcoba estaba situada en un edificio el cual miraba desde lo alto las diagonales. En el bulevar los pájaros soñaban con tener una escalera para subir al cielo y descansar en una nube.
Lynn tomó el caracol que adornaba la mesa de luz,  lo colocó en su oreja tratando de oír el sonido del mar. Cerró los ojos, imaginó un barco que en las profundidades del océano miraba los peces danzando.
Se acurrucó en la cama presintiendo que él llegaría. Escondida entre las sábanas de seda dijo:
—¡Necesito que te vayas y no regreses! Habrá muchas mujeres que quizás te necesiten. No sé como hacer para que entiendas que ya no me haces falta.
Siguió el discurso tratando de respaldar sus propias palabras:
—Sé que me ayudaste en su momento. Con una birome y un papel escribimos sueños, viajé con tu asistencia hasta el universo en el cual duermen los duendes. Pero me agobia tu presencia.
Las lágrimas brotaban silenciosas de sus ojos, marcando en su piel de seda surcos salados que llegaban hasta las comisuras de sus labios. Por último dijo:
—Hay dos caminos a seguir, uno es muy simple, te alejas y yo quedo tranquila. El otro es morir, pero sabes que si yo muero te llevaré conmigo —expresó convencida de sus palabras. Tapándose con las sábanas hasta  la cabeza dejó que él decida.
Un rayo de sol que se colaba entre las cortinas de la ventana la despertó. Se dio cuenta que llegaría tarde a su empleo, como también que él se había marchado. Supuso que el “Señor…”, estaría dormitando en algún sitio oscuro, la luz no era de su agrado. Buscaría otra víctima al anochecer.
Se levantó de la cama, tomó una taza de café para despabilarse y marchó feliz hacia su lugar de trabajo. Tranquila, pensando que el “Señor Insomnio” encontraría  otra mujer para perturbar por las noches.


 © 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.

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jueves, 13 de diciembre de 2012

LA DECISIÓN




Un hada le dio dos llaves y  desapareció. Le explicó que con una de ellas podría abrir las puertas de su casa y continuar su vida como lo había hecho hasta el momento.
La otra era mágica, pues en el lugar que entraría tendría muchas posibilidades. Pero vería la realidad que la rodeaba, sus verdaderos amigos y los que no lo eran. Los sufrimientos y engaños que había sufrido de personas queridas.
—¡Es saltar al vació y ver quiénes son los que están cerca de ti! Los que te quieren y los que fingen quererte. Podrás empezar una nueva vida, como saltar al vació —dijo.
La mujer, con las llaves entre sus manos, miró una puerta y luego la otra. Tiró al vació la segunda llave y entró a su casa.
Era mejor seguir soñando que ver una realidad que en el fondo de su corazón ya la conocía.





© 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.
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*Imagen, Luz Tapia art *

sábado, 8 de diciembre de 2012

AMOR ETERNO



Llegada la noche la doncella vestida de blanco recorre el lugar donde fue olvidada. A su paso crujen las hojas secas que el otoño diseminó insensible por el lugar de su morada. El silencio la acompaña avivando el sentimiento que anida  su alma. Necesita que algún día llegue él  a su lápida y con su voz  profunda  le diga: —¡Todavía te amo!






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viernes, 7 de diciembre de 2012

CUMPLEAÑOS




            La fiesta de disfraces se había planeado para festejar el cumpleaños de Anita, al aire libre y al mediodía para disfrutarla a pleno. Cada uno preparó su disfraz de la manera que deseaba o que podía: elaborado con sus manos, alquilado o confeccionado por una modista. Armé el mío con la emoción que me inspiraba la sola idea de estrenarlo: compré lentejuelas, canutillos, tul, todo lo necesario para ser una bella mariposa multicolor. Me lo probé y quedé totalmente satisfecha; haberlo creado con mi imaginación le añadía un valor extra.          
Nos presentamos al festejo con mucha expectativa porque, además había otra consigna: representar el personaje lo mejor posible. Se había preparado un escenario y provisto un equipo de sonido, para que cada quien solicitara la música de fondo que le convenía al momento de tocarle su turno.
            Comenzó Anita, era lo correcto. Con música victoriana, desfiló como una reina del siglo XVI comportándose como tal. Luego se animó Drácula que, de tanto tomar vino tinto para emular brindis con sangre, cayó redondo por la borrachera sobre el final de su presentación. Le siguió el mago, que había preparado una escenografía y se dispuso a hacer el famoso truco de la paloma. Las risas no pudieron contenerse al ver que en cambio de una paloma apareció un loro. Nos estábamos divirtiendo mucho, gracias a que ni el vampiro ni el ilusionista habían dado  pie con bola.
Llegó el momento de mi representación. Le acerqué al sonidista un disco compacto con la  música de Fito Páez: “Mariposa Technicolor”. Había amarrado las  alas a mis brazos, trepé a una silla y anuncié que iba a volar. Mi público rió al igual que yo. Lo intenté y caí de pie sin haberme elevado un milímetro. Me dejaron probar nuevamente, tampoco funcionó.
—¡Ilusa! ¡Nadie puede volar! —gritó alguien.
Mi cuerpo me decía que era posible y, sin permiso, subí a la silla otra vez y cerré los ojos. Ante el estupor de los demás, comencé a levitar. Sacudí los brazos unidos a las alas y volé sobre los disfrazados dejándolos boquiabiertos.
            Pero eso no fue todo: mi cuerpo se transformó y se empequeñeció hasta que me convertí en una mariposa real. Algunos corrieron tras de mí para atraparme.  Tuve que refugiarme en el jardín entre las flores. No podía desaprovechar la experiencia, salí de allí dispuesta a recorrer todos los lugares posibles. Las mariposas verdaderas me miraban de soslayo, sospechaban que no era de su especie. Al fin gané su confianza y me confesaron que las entristecía que la vida fuera tan efímera. Era verdad, me despedí de ellas y seguí mi vuelo aprovechando las horas de  subsistencia que me restaban hasta el anochecer.
Creo que ahora estoy en la vitrina de un coleccionista. No siento pena por mi transformación: mi vida de humana no me trajo satisfacciones. En cambio, como mariposa logré la libertad que siempre había deseado. 






© 2012 Nélida Magdalena Gonzalez de Tapia.
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EL CARTONERO




Las nubes se vestían con encajes negros, el cielo amenazaba tormenta. Juan apresuró el trote de su caballo que arrastraba el carro en el que iba sentado. Debía llegar a su hogar, antes que el  campo se convirtiese en lodo, aunque era peligroso.
Las gotas de lluvia comenzaron a caer sobre su rostro como alfileres punzantes. La carga pesada de cartón  humedecido provocó que el calamitoso transporte se bambolee como papel en el viento. El balanceo aflojó una de las ruedas y el animal cayó sobre el barro.
El hombre, que solamente recibió unos golpes,  sintió que se le destrozaba el corazón. Su fiel compañero de trabajo agonizaba a su lado al quebrarse dos patas.
 El temporal recrudeció, los relámpagos iluminaban la oscuridad de la tarde y los truenos emitían un sonido tenebroso. Juan se arrastró y se sentó debajo de un árbol buscando refugio.
Su cuerpo mojado temblaba, el frío lo helaba. La luz de un relámpago alumbró  el lugar, divisó una mujer  vestida de negro con una hoz en la mano. Momentos después un rayo cayó sobre el árbol en el que se amparaba.
Se escuchó la voz  fúnebre femenina, quien con una sonrisa dijo:
—¡Tarea cumplida!





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UNA LLAMADA




La llamada telefónica no la tomó por sorpresa. La esperaba desde que la enfermedad de su amiga fue diagnosticada terminal. A partir de ese momento supo que la muerte astuta y tramposa rondaría al lado de María acechándola.
Se la imaginaba huesuda, caminando entre espinas. Deslizándose como pantera sigilosa para  dar el golpe certero. Impiadosa esperaría la hora y el minuto exacto para llevarse a su ser  querido, no sin antes jugar con ella mostrándose  perversa e implacable.
—¡Nuevamente ganaste! —pensó sollozando.
Se dirigió a su jardín y cortó muchas flores rojas de malvón que había encontrado un año atrás en una vereda. Formó un ramo muy humilde, María sabía lo mucho que lo cuidaba y por sencillo que fuera era la flor más hermosa que podía ofrecerle. 






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EN EL OLVIDO


(Imagen encontrada en Google, derechos correspondientes a su autor)

Nos llaman los malditos sin ninguna razón. Por las noches a la misma hora todos salimos a visitar nuestros antiguos hogares. Nos sentimos desilusionados, nuestras moradas están totalmente abandonadas.            
Nadie se ocupa de nosotros y ni siquiera piensan que somos parte de su pasado. Cada uno regresa a su antigua residencia y la recorre en busca de un poco de amor. Nos presienten y se asustan, nosotros no queremos atemorizarlos, queremos su compañía y su amor.     
A veces, cuando nos reunimos, al regresar, nos preguntamos si realmente existió algún afecto. Pero nadie encuentra respuesta. Recorremos durante la noche todo aquello que nos hizo feliz, nuestros lugares favoritos y aquello que la vida nos dio y que perdimos.
No entendemos tanta desidia, hicimos todo lo que pudimos y dimos todo lo que estaba a nuestro alcance. Pero por lo visto no alcanzó, no fue suficiente para ellos.
——¿Nosotros somos los malditos porque queremos estar con ellos? No
tenemos la culpa de estar en el lugar que estamos, ni tampoco de que nos intuyan y sienta un temor inexplicable.
            Volvemos a nuestro lugar antes del amanecer muy tristes. Nunca nadie trae una buena noticia, solamente compartimos comentarios que escuchamos maldiciendo nuestra presencia.
            Somos almas abandonadas, que deambulan en la noche, pero como dije antes no somos notros “los malditos”. Nos dejaron tirados en una fosa y se olvidaron. Nosotros Los Fantasmas, pedimos un poco de cariño y que alguna vez alguien nos lleve una flor silvestre para poder descansar en paz, pensando que algún ser nos tuvo afección.